Méndez Guédez compartió detalles de “Veinte merengues de amor y una bachata desesperada”

Entrevista publicada en PANORAMA el 21 de diciembre de 2016:

“La conocí en la taberna, la vi / Pedí una copa de vino / Me dijo vente a mí mesa / y yo, le dije vente conmigo…”. Comienza el mítico merengue de Wilfrido Vargas, ‘Volveré’. Aunque a Juan Carlos Méndez Guédez, de haber sido cantante, le hubiese gustado interpretarla en la voz de Rubby Pérez, gozar de ese rayo que podía ser su voz. Pero nació escritor y ante la ausencia de talento para bailar, Veinte merengues de amor y una bachata desesperada se convirtió en una forma de rendir homenaje a ese ritmo que marcó los momentos felices de su juventud, en los años 80 y 90.

La editorial Madera Fina presentó el 18 de diciembre, en Caracas, esta novela corta del escritor venezolano radicado en Madrid desde hace 20 años. Europa no logra opacar su brillo tropical y caribeño. En una visita relámpago al país, contó a PANORAMA detalles de su obra.

¿Por qué merengues y bachatas y no salsas con boleros?

Fue un momento (años 80, 90) en que esa música tuvo mayor resonancia. Estaba muy de moda la salsa pero tuvo un declive y comenzó a imponerse el merengue que era un baile que, en cierta forma, facilitaba el acto de bailar a los que no tenemos grandes habilidades. Yo solía amanecer en los rincones de las fiestas porque no era un bailarín apreciable. El merengue irrumpió en esos años con muchísima fuerza (…) digamos que asocio esa época de mi vida con los distintos merengues.

Escogí ese ritmo por eso, por una conexión personal. El bolero ha tenido ya su escritura, sus novelas, hechas por personas que vivieron esos momentos, también otros ritmos, la ranchera (…) Eduardo Liendo con un libro maravilloso, Si yo fuera Pedro Infante. Entonces, como yo creo que uno debe escribir sobre cosas que lo conmuevan, que lo toquen (…) Decidí que fuese ese ritmo, junto con el que vino luego, la bachata, y que además era un baile complicado, que puso otra vez las cosas en su sitio, nos colocó a algunos de nuevo en el rincón.

Un homenaje al género…

Es un homenaje a esa música que rodeó muchos momentos de felicidad. Esta novela corta transcurre en medio de una fiesta, que ocurre en estos años actuales del siglo XXI. Pero es una fiesta en la que un grupo de gente se ha reunido a escuchar solo merengues de los años 80 y 90. Es un grupo de personas que está poseída por la nostalgia, la melancolía y está celebrando a lo mejor la juventud que se marchó. Me pareció que también era una manera de asomarme a ese tiempo, con canciones que sigo escuchando, que sigo disfrutando muchísimo y una historia que tuviera relación con la alegría de esa música.

El título es un juego paródico con el famoso libro de Neruda, Veinte poemas de amor y un canción desesperada. En esta novela me invento una teoría sobre el merengue…Es un baile que tiene algo de cópula amorosa, pero también del cuerpo intentando tocar el movimiento del planeta y el cosmos en general (…)  Es un baile que te permite al mismo tiempo una conexión con lo más íntimo, que sería el acto sexual, el acto amoroso, pero también con la vastedad del universo, ese universo que se está moviendo constantemente, meciéndose. Yo siento que esas caderas evocan esa realidad micro y esa realidad macro.

Le da otro sentido al título original…

Ese fue un libro muy popular, que leí muchísimo en mi adolescencia, conservo mi edición de 1954, es un libro que me gustó muchísimo. Octavio Paz hablaba de ese libro con muchísima distancia, decía que era un libro cursi (…) Pero hoy día creo que tiene razón, que es un libro que tiene momentos pero no es de los mejores libros de Pablo Neruda.

Porque no solo de eso se trata el amor… lo romántico, poético…

Claro, tiene mayores complejidades. De hecho, mi historia es relativamente inusual. Hay un triángulo, pero un triángulo inusual que se resuelve creo yo de una manera sorpresiva, con una serie de complejidades que probablemente en libro de Neruda no estaban porque es un libro más bien cantarín.

En esta novela se mueven las caderas de los personajes pero también sus vidas, es un acto que puede ser celebratorio pero también tiene algo de melancolía, de tristeza. Están bailando una música que se escuchó hace 20 años, o más, prefiero no sacar la cuenta (risas)… están ahí festejando pero desde la memoria, desde el pasado, muchos de ellos. Hay un personaje, una muchacha más joven, que en todo caso está formando parte de la memoria de ellos, la nostalgia de ellos (la pareja protagonista de la historia).

¿Qué merengues hubieses deseado interpretar de ser cantante?

La novela está divida por capítulos que tienen nombres de merengues, esos que están allí me gustan muchísimo, no incluí el que más me gusta de todos, que es Volveré, en la versión de Rubby Pérez. Ese es mi merengue favorito, el que me habría encantado cantar y con la voz de Rubby Pérez, por supuesto.

En momentos de mucha plenitud, realmente me imagino cantando Volveré de Rubby Pérez, aunque no tenga absolutamente nada que ver con la situación que ha producido esa plenitud, pero es un momento para mí muy grande, es la voz de ese hombre en ese instante cantando esa canción por otro lado melancólica y española originalmente, creo.

Explícanos la estructura del libro… ¿nació antes que los personajes o, a partir de ellos, creaste esa estructura?

Sucedió algo muy curioso con este libro. Normalmente, se me ocurren los libros por sus personajes. Yo siento que hasta que no tenga un personaje poderoso, con su propia historia, su pasado, su memoria, su lenguaje, su mirada, no tengo novela. Sin embargo, en este caso pasó algo rarísimo, se me ocurrió primero la estructura. Un relato largo, con 20 minicuentos intercalados. No eran 20 y entonces, claro, así no podía arrancar y por eso tardé muchísimo en escribir este libro tan corto. Tardé muchísimo porque había una estructura, pero eso para mí no es suficiente.

En una oportunidad, hablando con Fernando Iwasaki en Ginebra, estábamos bromeando, solemos bromear mucho, le solté este título y me dijo que le encantaba. Pensé, ese título encaja con esa estructura. Comencé a trabajar en ellos (…) me llevó a un personaje que estaba obsesionado con Pablo Neruda y pensé que la conexión emotiva que podía acercarnos a él es que viviera con un profundo dolor, el descubrimiento de una historia muy triste de Neruda que fue el abandono de su hija, una niña hidrocefálica que él dejó en plena guerra mundial, una niña de la cual nunca habló. No está en sus memorias, en su vida pública, es como si no hubiese existido (…) A partir de este personaje pude cerrar el ciclo.

¿Un libro apto para pies izquierdos?

(Risas) Este es un libro apto para la gente que le gusta mucho bailar, para la gente que no sabe bailar y que le gusta la música y para la gente que no le gusta la música (…) al que no, creo que le puede interesar una historia, una historia sobre todas las historias pequeñas que ocurren en una fiesta, todo lo que está en el universo de la gente que acude a ellas, historias de encuentros, de muerte, de vida (…) Principalmente, es una historia sobre la ternura con la que se puede producir el abandono entre dos personas. El desgaste, el dolor, el rencor profundo que puede existir entre dos personas que, sin embargo, logran una pequeña conexión en esa fiesta con lo mejor que tuvieron de ellos mismos en algún momento dado de la vida, y la presencia allí de una chica,  que es una señal de que la vida continúa,  y que para bien o para mal es una energía que a veces no se puede controlar.

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