Reseña de La noche y yo, publicada por Cuatro Ojos Magacín

Texto escrito por Abraham Pérez, publicado originalmente por Cuatro Ojos Magacín en enero de 2017.

En estos tiempos, quien más o quien menos, ha tenido que vérselas con las redes sociales, ya sea para hacerse cliente o para rechazar el producto. En cualquier caso, la acción, positiva o negativa, trata de afianzar cierto nivel de individualidad; o, mejor dicho, afirmarse de un modo cartesiano, como una conciencia, aunque no sepamos exactamente en qué consiste.

De cualquier modo, lo que se produce es una necesidad relacional con la alteridad ―en sus distintas vertientes― y con las cosas. A partir de aquí es desde donde podemos leer La noche y yo (Páginas de Espuma), de Juan Carlos Méndez Guédez. Es cierto que podríamos fijarnos en la relación que establecen los distintos personajes en cada uno de estos tres relatos, aunque lo que es más claro es la relación que existe entre los personajes y las lecturas.

En la primera narración, Un círculo para Ainhoa, nos encontramos con un personaje que pasea por Caracas vestido con una extraña indumentaria, mientras repasa su vida; fundamentalmente, su relación con la mujer que aparece en el título. A medida que se suceden los pasos, distintos elementos van dando forma a los recuerdos del protagonista. Los detalles que parecen ser más sorprendentes a lo largo del texto consiguen destacar una visión vitalista de la vida, como podemos comprobar en este fragmento: «Es lo que sucede con los años: te deleitas en un detalle, paladeas las emociones y la desesperación absoluta resulta un lejano territorio».

Pequeños detalles que se pueden encontrar en las páginas de un libro, como sucede en Xibanya. Sabino, su protagonista, «morirá en cinco segundos» en el baño, lugar donde tiene sus obras preferidas para releerlas de vez en cuando. En uno de los momentos, cuando habla con Marianne (una pareja a la que recuerda), esta le dice: «Para cada momento del día y de la vida tienes una frase de un escritor», que resume a las claras la importancia que le da cada personaje a la necesidad de la ficción.

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Al igual que también ocurre en el relato que da nombre al libro. La noche y yo, en el que una mujer insomne, a lo largo de la noche anterior a su boda, rememora las distintas relaciones que ha mantenido con hombres, en las que, no su prometido Jean, sino Arturo, una antigua pareja, sobrevuela cada pensamiento.

Los tres textos se articulan desde una necesidad de rememorar fragmentos de vida con las lecturas. Mediante la utilización de un lenguaje cuidado, se indaga en la relación entre el «yo» y los distintos objetos que lo nutren y, a la vez, delimitan, haciendo que vida y literatura se entrelacen entre sí, sin saber dónde acaba una y dónde empieza la otra.

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