#5preguntasyunfinal para Juan Carlos Méndez Guédez, por La Vaca Mariposa Libros

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Publicado originalmente en el Facebook de la librería La Vaca Mariposa Libros. Marzo, 2017.

1-¿Cuál es la mejor rutina para escribir?

– Un ordenador, horas sin interrupciones, y según la época o según lo que escribo, algo de Bach, Telemann, Mozart, Brahms o Paganini.

Una vez concluida la escritura: Binomio de oro, Javier Solís, Chino y Nacho, golpes tocuyanos y Felipe Pirela; luego una bandeja paisa, y una hamaca en la que uno pueda mecerse, corregir páginas y escuchar el mar.

2- ¿Qué otro oficio te hubiese gustado hacer?

– Cantante de merengue de los años ochenta; segunda base del Cardenales de Lara; espía de las novelas de Graham Greene; y “materia” de la religión marialioncera; es decir, la persona que recibe los espíritus y presta su voz para que den sus mensajes. Todo a la vez.

3- ¿En qué ocasiones recurres a la mentira? 

– Una vez a los tres años dije una mentira pero ya la olvidé.

Ahora puedo hacerlo cuando alguien me pide que le dé mi opinión sobre una novela de novecientas veinte páginas en las que se detallan con precisión los objetos de un reloj de cuerda del siglo XIX. Suelo decir en esos casos: “Estoy leyendo con calma, no me presiones; pero las primeras trescientas once páginas son muy interesantes”.

4- Recordando tu novela Arena negra, ¿Cuál obra literaria universal convertirías en un relato alfabético?

– Ahora mismo intento hacer un ensayo alfabético sobre la narrativa de José Balza.

En cuanto a tu pregunta, pues lo haría con El Maestro y Margarita de Mijail Bulgákov, y lo haría porque edificar esa construcción alfabética implicaría leer, releer, vivir leyendo esa novela deliciosa e inabarcable.

5- ¿Cómo se escribe sobre un país en el que ya no vives?

– Viajo con frecuencia a ese país, y allí se vive con intensidad cada segundo. Por otra parte, de ese lugar tengo una memoria viva de 28 años que siempre pugna por salir y hacerse narración.

… y un final

– Son tantos lo finales que me gustaría incluir, pero optemos hoy por este cuento de Rubem Fonseca, “Feliz año nuevo”; uno de esos finales planos, casi tersos, que hacen un contraste terrible con la historia monstruosa y sangrienta que acaba de suceder:

“Doña Candinha, dije, mostrando la bolsa, esto quema.

Pueden dejarlo, hijos míos. Los del orden no vienen aquí.

Subimos. Coloqué las botellas y la comida sobre una toalla en el suelo. Zequinha quiso beber y no lo dejé. Vamos a esperar a Pereba.

Cuando el Pereba llegó, llené los vasos y dije, que el próximo año sea mejor. Feliz año nuevo”.

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