“Dos mujeres en un medio dominado por hombres”: Méndez Guédez sobre Teresa de la Parra y María Lionza

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Fuente de la imagen: http://estetica-espaciospublicos.blogspot.com.es

Publicado originalmente en El Portal Voz.

La mañana se abre lenta en las ventanas.

Abro los ojos, y antes de preparar la charla que daré esta tarde en Tenerife junto a Juan Carlos Chirinos, releo al azar algunas páginas de Ifigenia; la espléndida novela de Teresa de la Parra. Una prosa en la que la inteligencia canta y cuenta, ríe y sonríe.

Luego contemplo una fotografía de Teresa de la Parra en la que ella toca una guitarra. Las manos blanquísimas, talladas y perfectas. El pañuelo en los cabellos, el rostro ligeramente inclinado. Es una silueta irrebatible, de una felicidad dolorosa.

Resulta difícil encontrar en tantos libros la delicada ironía, la lucidez susurrante, exquisita, con que Teresa de la Parra escribió sus novelas. De allí el fascinante efecto que ellas producen: una aparente sencillez bajo la cual palpita una inmensa conciencia de lo narrativo, de la forma. El lector cree asistir a un simple relato y sin percatarse de ello va quedando hechizado por la complejidad de sus estrategias compositivas. La punta del iceberg (como diría Hemingway) atrapa con su resplandor, pero bajo las aguas se expande una blanca, una perfecta catedral de hielo.

Pienso luego en María Lionza, la mujer hechizada, que leyendas recientes dicen viajó desde Tenerifehasta naufragar en Venezuela para convertirse en la diosa de las aguas y las cosechas que todavía hoy reina desde la montaña de Sorte. Ritual y religiosidad en el que la imaginación popular venezolana ha conectado con la muy antigua diosa blanca que Robert Graves coloca como eje de muchas religiones surgidas cientos de años antes de Cristo.

Esas dos presencias me acompañan esta mañana al despertar.

Quizá las necesito en este momento; las invoco como un conjuro frente a un país sometido desde 1998 por la febrilidad machista de supuestos guerreros que destruyen el mundo para alcanzar un paraíso terrenal donde la figura feroz de un Padre castiga o regala pequeñas migajas a quienes le sirven con obediencia.

Teresa de la Parra y María Lionza. La escritora que construyó para sus lectores la conciencia de un narrar que es hacer forma; que es hacer mundo desde el sosiego y el susurro. María Lionza, la diosa que reina en las aguas y que condensa en sí misma el mestizaje, la mezcla, la invención, la fuerza natural y urbana en la que el universo renace.

Presencias, palabras que convoco esta mañana.

Para que la mañana sea. Otra vez.

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