Fragmentos de un antiguo diario que nunca ha sido (IV)

105-512

Rufino Blanco Fombona construyó su vida como la de un personaje épico: duelos a muerte; invasiones; grandes aventuras; viajes. Quizás eso ha ido borrando la silueta del escritor. y ha provocado que persista el  anecdotario divertido, apasionante, y anticuadamente machista que lo rodea. Pero leía esta tarde La Lámpara de Aladino, el primer volumen de textos que publicó en su exilio español y encuentro allí algún retrato fascinante y rugoso sobre Juan Ramón Jiménez; o veo fragmentos de su diario en el que se expresa con rencor sobre alguna ciudad en la que se encuentra de paso. Y es en esa tonalidad “menor”, cotidiana, en ese susurro malhumorado y arbitrario donde aparece con mayor nitidez el escritor; el músculo de su prosa, la incisión sobre lo real que abre su mirada.

Porque a veces la voz más nítida de un autor viene en sus murmullos, en sus silbidos, y no en la sonoridad feroz de su do de pecho.

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